Teatro

 Tiene un claro propósito el que el Papa de Nanni Moretti, que se fuga del Vaticano buscando respuestas, sea un actor frustrado. Eso, sin embargo, no es el tema de Habemus Papam, que habla de cómo la fe es incompatible con el psicoanálisis porque no admite preguntas. Moretti se decide, como saben, por uno de los dos. Ve el Vaticano como un teatro lleno de buena gente que no encuentra, en la llamada de Dios, el fin a sus dudas, porque esa Llamada no existe.

La duda es algo omnipresente, y aquí aparece el teatro, para echarnos una mano con ella. Todos somos actores. Actuamos cuando tenemos que saludar al pesado de turno, cuando tenemos que sonreír porque no podemos contar nuestras desgracias, cuando sabemos qué pasa y no lo decimos en voz alta. Somos actores y actuamos en aras de la conveniencia, de la educación, del "para qué molestarme", del no meterse en líos. También somos actores para proteger a alguien débil de lo que no puede enterarse, para animar a quien está sufriendo y cuando no sabemos qué hacer, porque dudamos, y seguimos andando. No es malo ser actor. Es una obligación, a veces. Lo importante es quién te está escribiendo el guión.

El actor obediente es previsible, el guionista (que también es actor) no puede adivinarse. El actor obediente es manejable, el guionista rebelde. El actor obediente no aporta nada, el guionista decide, crea, inventa. El guionista se llama, a veces, Ambición, por poner un ejemplo.

En la vida todos empezamos siendo actores, porque es necesario que alguien nos diga qué hacer. Pero hay un momento mágico en el que podemos escaparnos y empezar a escribir. La mayoría no lo hace. Otros, unos pocos, se fugan del Vaticano y buscan por Roma. Claro que tienen que seguir siendo actores, pero empiezan interpretando una nueva historia. Y así se mueve el mundo.

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1 comentario:

  1. Que gran aprendizaje, el "darse cuenta", romper con los guiones heredados y empezar a reescribir nuestra vida desde lo que somos.

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