Another Year y el Amor


Mike Leigh nos trae -una vez más- personajes desesperados, al borde del abismo, patéticos y solos. Una mujer que no encuentra el amor, un hombre que lo busca obsesionado o un joven triste porque no llega a verlo visitan la casa de alguien que sí lo ha encontrado, uno de esos matrimonios que duran, se quieren y llevan su vida con serenidad. La película Another Year es emocionante y dura (y a ratos bastante divertida), tiene actores perfectamente contenidos en medio del desastre. Incluso los personajes que se desbordan (y se desbordan hasta límites imposibles) hacen, una y otra vez, la misma pregunta: ¿Necesitamos el amor?

Ellos mismos se dicen que sí, pero la realidad es que nada parece poder reparar lo que queda de sus vidas. Tú- nos dice Mike Leigh - no necesitas que alguien te quiera. Necesitas quererte. La película muestra la sórdida soledad de quien parece incapaz de verse en el espejo, de quien busca su reflejo en el de enfrente porque sólo no es nada, de quien busca el amor como cura a los males que él mismo alimenta con miles de copas. Nos dice que  puedes ser feliz con el amor, pero no podrás, siquiera, ver al otro si no eres capaz de verte tú primero. El amor puede curar heridas, pero para eso tienes que saber dónde están.

Así que primero debes ser capaz de verte solo. Porque si, en medio de la desesperación, encuentras a alguien, sólo sustituirás una herida por otra. Desconfía de las tiritas que te ofrece un amor que no llega tranquilo, porque las que te pegue en la piel dejarán heridas aún más grandes. Por eso, y Mike Leigh lo sabe, sólo los serenos encuentran paz...

Festival de cine de Valladolid

Este año La Seminci muestra acierto tras acierto. Veamos en qué queda todo, y qué llega a los cines. Probablemente sí se estrene en cartelera el Habemus Papam de Nanni Moretti, que ha inaugurado el festival y es una delirante comedia sobre lo que parece divino y no lo es tanto. Qué pasa, nos cuenta, cuando lo que damos por seguro desaparece, cuando las dudas rompen las certezas, y cuando algo hay que decir a los que creen en ellas. Michel Piccoli, en el papel del anciano Papa que busca qué quiere ser, se debate entre la llamada y el vacío. Nanni Moreti nos cuenta que sólo nos queda reírnos un poco (o mucho) de lo que vemos intocable.

La Argentina Medianeras, protagonizada por Pilar López de Ayala y Javier Drolas, empieza con un genial relato sobre lo que la arquitectura en Buenos Aires cuenta sobre la vida de aquellos que la habitan, y sigue con la soledad que inunda las ciudades. Una pareja que no se conoce encerrada en sus casas y las fobias y neurosis que la soledad nos aporta. La vida surge cuando abres las ventanas, te atreves a mirar a la calle y dejas de buscar a Wally en los libros. No sé si me entienden. Ésta sí llegará - espero - a las carteleras, no se la pierdan.

Luego está, fuera de la sección oficial, la historia del padre que no se ha dado cuenta de que sus hijas son suyas, pero que no le pertenecen, en la película checa Dom; o la de la madre que muere y abre la caja de lo que estaba oculto: todo lo que se esconde en una familia donde reina el silencio y cómo contar la muerte, según la alemana Una Familia de Tres, cuando antes ni siquiera de la vida llegábamos a hablar.

Y precisamente de contar la muerte habla Monsieur Lazhar, un nuevo profesor en un colegio que ha vivido un suicidio. Cómo explicar lo que no puedes ni empezar a mirar, cómo aceptar que no vas a entenderlo, cuándo debes hablar de lo que se ha roto. Un maravilloso trabajo del canadiense Philippe Falardeau con un actor de teatro llamado Fellag que te cuenta, con mil matices, lo que es ser sólido. Comentaban que, a menos que gane el festival, probablemente no llegue a las carteleras. No lo sé, pero si es así nos perderemos algo que poder recordar años más tarde. Y ya se sabe que hoy las memorias van a corto plazo...

¿La única pega? Los cortos, al menos los que yo he visto. ¿La historia de Blue? ¿El disparate de la coreana Gamja? Pero, ¿quién los elige, y qué pretende? Pero, obviando esto, por ahora, un buen festival. Enhorabuena, y gracias, a quien le toque. 

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Delitos y castigos

Sigamos con los premios y castigos. El problema es que, buscando uno u otro, asumimos que hay una idea común del bien y del mal. Pero luego nos damos de bruces con las realidad. Vuelvan a ver, si quieren, Match Point, de Woody Allen. Como en la vida misma, el mal triunfa. ¿Otro ejemplo? Solar, de Ian McEwan. El tipo (y menudo tipo) cae bien, así que no quieres que sufra. 

¿Y qué es lo que pasa? Que no tenemos ni idea de qué es eso del mal. Porque el mal, para nosotros, es muy relativo, un concepto confuso que, como un chicle, se adapta a las comisuras de tu boca según qué palabras pronuncies. Un tipo puede estafarte pero luego te vas con él de copas si consigues de vuelta tu dinero. Alguien puede convertir un delito en una sarta de mentiras, como el pincho de la barbacoa donde quedan ensartados los que creen que son ciertas. Un especulador puede arruinarte y acabar asesorando al Presidente. Alguien puede destrozar una vida y, si lo explica, podemos llegar a entenderlo. Y ahí vemos parte del problema. Las explicaciones dulcifican el mal, porque todo  tiene sus razones. No te preocupes, chaval, que aunque le hayas saltado los dientes al vecino yo te comprendo. Es una relación inversa: a más explicaciones, menos dientes arrancados en el recuerdo del paciente amigo que te escucha. Bendito invento, la retórica, que santifica el mundo.

Hay algo que aprendemos de la historia: el mal es lo que es, aunque el bien no esté tan claro. ¿Qué es el mal? Lo que no quieres que te hagan. ¿Qué es el bien?. Las definiciones son muchas, las verdades también: puede ser sacrificar tu vida para ayudar al de al lado, y cuando digo tu vida puede ser tu tiempo, por poner un ejemplo.
Hay un problema: todo esto cuesta. Hay que mojarse. Es incómodo. Requiere sacar tiempo del que no tienes, requiere mirar demasiado al que tienes al lado. Para empezar requiere pensar. Así que, si no nos lo piden, para qué molestarnos. Yo admiro a esa gente que se enfrenta a la vida y es capaz de decir "esto está mal" aunque nada de lo que ocurra vaya con ella. Admiro a la gente que dice: no guapo, tú a mi no me saludes, porque sé lo que hiciste. Hay pocas, pero las hay. Son personas que piensan que la vida es mejor de lo que nos enseñan, que luchan por un mundo mejor y algo consiguen. Para empezar, que creamos que algo bueno ocurre cada día. Son políticamente incorrectas y nada puede importarles menos. Son libres, y qué difícil es llegar a serlo. Va por ellos.

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