Zapatero y La Metamorfosis

Pues no sé por qué al escuchar a Zapatero hablar de Marruecos y el Sahara me he acordado de La Metamorfosis de Kafka. Aquel viajante de comercio que, una mañana, se despierta y se ha convertido en un monstruoso insecto. Gregorio Samsa intenta volverse a dormir, pero no puede porque su costumbre es dormirse sobre el costado izquierdo y su inmenso caparazón ahora se lo impide. Así que sólo le queda aceptar lo que es y esperar a que su hermana, día tras día, le deje el plato de comida detrás de la puerta.

El que el gobierno de Zapatero se pliegue de ese modo al poder de Marruecos, ignorando cualquier sufrimiento del pueblo saharaui, no es tan malo porque demuestra lo que somos. Por una vez el gobierno sirve para algo y nos devuelve nuestra imagen, que es la del Señor Samsa: por encima de lo que nos enseñe el espejo estará siempre el plato de comida que el otro quiera darnos.

Lo importante es el poder del otro. Da igual de dónde venga: del dinero, de la capacidad de influencia, del número de veces que sales en la foto... Como cuando en el cole te hacían el vacío, que el poderoso te mire mal puede hacerte daño. Puede negarte ese dinero, llenarte la frontera de inmigrantes, estropearte el trabajo, dejar de saludarte. Puede, también, dejar de quererte. Seguimos con los personajes literarios que nos devuelve el espejo y nos vemos en Madame Bovary, aceptando cualquier cosa de quien nos trata mal porque no podemos quedarnos solos.

Digamos que, sin enfrentarnos, somos prudentes, que la vida está ya suficientemente llena de batallas para ponernos chulos con quien puede echarnos una mano. Esto es una opción, pero también tenemos otra: perder el miedo, gritar que el Emperador está desnudo y pensar que mejor es avanzar solos que acompañados de un tirano. Hay muchos tipos de tiranía y la peor es la autoimpuesta, la que te dice que tú no eres nada si el otro no te está mirando, la que te hace ceder a chantajes dictados por alguien que, bien pensado, es bastante poca cosa. Y es raro (un objeto raro y precioso) encontrar a quien no construye su importancia en los ojos del otro. Porque eso tiene un riesgo, y es que no te inviten a la fiesta. Por lo tanto llegamos a la conclusión final: tenemos un enorme caparazón y muchas patas, así que dejemos en paz al Emperador y, por favor, aceptemos su plato de comida. Y calladitos, no sea que un día se enfade con nosotros.

Valme de Toledo

Romualdo de Toledo


Me contaron que todos los jueves le decía a su padre: hoy duermo en casa de un amigo. Pero no iba a casa de ningún amigo. En medio de la noche se juntaba con otros manifestándose por la monarquía y la libertad, clamando contra Franco. Cada jueves era detenido y dormía en el calabozo. Un día a su padre, director general de Educación, le dijeron en el gobierno franquista: ya no sabemos qué hacer con tu hijo.

Fundó el Grupo 16 y era su director general. Y una noche se enfrentó a los huelguistas que querían boicotear la salida del Diario 16 a los quioscos. Llegó al almacén donde se apilaban los periódicos sin que nadie empezara a cargar los camiones y, resoplando, empezó a empujar, solo y rodeado de manifestantes, uno de los palets cargados. Unos se reían con desprecio, y otros intentaban evitarle el ridículo. Empujaba una y otra vez y no conseguía mover las ruedas del palet. Siguió empujando con la cara a punto de estallar y la camisa rasgada por el esfuerzo. Y cuando logró cargar, él solo, el camión de reparto, las risas burlonas se volvieron aplausos y los huelguistas desconvocaron la protesta.
Vivimos un país reconcomido, donde los líderes sucumben a continuos chantajes, donde lo importante es lo mío y cómo lo cuento y los problemas se transforman en interminables, agotadoras, insípidas palabras. Ahora quiero hablar de alguien que pensaba que todos merecíamos algo más y que luchó, toda su vida, porque pudiéramos decir cualquier cosa.
Cuando murió, todos hablaban de sus carcajadas. Carcajadas desorbitadas, -escribieron - irreverentes, burlonas, homéricas, estrepitosas, desinhibidas, desvergonzadas. Esas carcajadas eran las de un hombre que miraba desde muy lejos, porque sólo así puedes reírte tanto. Fue un hombre libre que nunca cedió a convenciones sociales y no se rindió ante ningún poder, que luchó por la libertad, que no escuchaba las palabras del otro si no le hacían crecer. Admiraba la inteligencia y el trabajo por encima de cualquier cosa. Nunca sintió miedo y llenó su vida de lucha aunque fuera la cárcel un peaje.
Un hombre libre vuela por encima de las cosas que te atan al suelo, y eleva con él a quien tiene la suerte de acompañarle. Era mi padre. Confundía las carreteras con un circuito de Fórmula 1 y, sin embargo, nunca me he sentido más segura que estando a su lado. Esa seguridad se va y nunca vuelve, y te deja un sitio vacío que, si te descuidas, llenas de miedo. Pero veo en mi familia la fuerza que nos ha dejado, y en quien pudo conocerle una mirada de agradecimiento.
Tuvo tres hijas, y las tres seguimos soñando con él. Y eso es la eternidad: que alguien, veinte años después de tu muerte, te siga sintiendo a su lado.

Valme de Toledo

Adiós Grecia





Ahora se debate dejar morir las lenguas clásicas y, hace tiempo, la Real Academia de la Lengua decidió que Y ya no se llama griegaLeí en algún sitio que con la i griega perdemos lo único que nos queda de Grecia, de esa Antigüedad donde los hombres se medían con los dioses de Homero. Pues veamos qué era Grecia y qué somos ahora.

Grecia era la vida exprimida al máximo y sin miedo, y nosotros somos los precavidos, los que tememos. Grecia era la comunidad, la vida fuera de casa, y a nosotros nos molesta el vecino en el ascensor. Grecia era la cólera de Aquiles sin asomo de culpa, nosotros los de los golpes en el pecho, los que tenemos que arrepentirnos. Grecia era la oscuridad, el entender que no hay respuestas para todo, y nosotros los de la luces encendidas buscando explicaciones.

Grecia era aceptar la muerte pero no pensarla porque mientras vivimos no está delante; nosotros la tenemos siempre encima, amenazando. Grecia era aceptar el error, y nosotros somos el temerlo y rechazarlo. Grecia era vivir el amor como un modo de aprender, y nosotros como una posesión. Grecia era entender la vida como un camino y nosotros como una meta. Grecia era mirar sólo el presente, y nosotros mirar el futuro -para temerlo- y el pasado -para culparnos, para añorarlo-. Grecia era la melancolía de quien sabe que la vida es sufrir pero no deja nunca de actuar y nosotros somos la melancolía que se hunde en tristeza.

Nosotros los quietos, ellos los que nunca dejan de moverse. Nosotros los del llanto y la tristeza, ellos los que aceptan lo que llega. Nosotros los de las mil dudas y las decisiones equivocadas, ellos los que aceptan las decisiones que vienen de los dioses.

Ellos bajan al Hades porque entienden que sólo sufriendo puedes conocerte; nosotros adormecemos cualquier dolor con drogas. Ellos se miran en los ojos del otro, porque saben que sus actos influyen en el resto; nosotros actuamos sin mirar al de al lado. Ellos miran al hombre superior para seguir sus pasos, y nosotros miramos al inferior para dejar claro que estamos por encima. Ellos valoran la filosofía y el conocimiento, y nosotros admiramos a quien consigue vender muchos zapatos. Los griegos debaten, escuchan, dialogan y, después, construyen. Nosotros construimos y, después, vendemos lo nuestro. Ellos son lo que hacen: no se preguntan lo que son porque sus actos lo dicen. Nosotros nos pasamos la vida preguntando qué somos y actuamos para respondernos.

Grecia es, en resumen, vivir tocado por los dioses. Y a nosotros los dioses, hace tiempo, dejaron de mirarnos.

http://www.valmedetoledo.com/

Retratos de un mundo de hombres

Valme de Toledo
La semana pasada, el País Semanal publicó retratos de las cúpulas directivas de importantes empresas del país. Por unos momentos esa visión me llevó, de un brusco golpe, a recorrer el túnel del tiempo. De repente había nacido un par de siglos antes. Estaba en el siglo XIX, en los comienzos de la fotografía: los retratados muy quietos, sin respirar durante un minuto, dejando que toda la luz llegase a la placa de plata, revelada luego con vapores de mercurio...

Las imágenes podían haber sido en blanco y negro, o quizá en un sepia envejecido, como aquellas fotografías de época. Pero son en color, y el color rompe la magia. Hay que moverse de siglo para seguir igual que antes: el mundo es de los hombres.
La imagen de los consejos de dirección poblados, casi exclusivamente, por trajes de chaqueta y corbata oscuros, me produce cierta vergüenza, porque me habla de una sociedad atrasada, inmóvil, cuadriculada, cerrada y apretada como un nudo de corbata. Si yo fuera asesor de imagen de esas empresas habría contratado a mujeres figurantes.

Está bien querer estar entre iguales. Si buscas la excelencia, siéntate junto a quienes te acompañen. Pero nuestro modo de pensar no sería el mismo si, por ejemplo, nadie hubiera sido capaz de darle la réplica a Sócrates. Ninguno de los que hablaban con él era mujer, pero tenían otros defectos. Algunos eran, incluso, bajitos y feos.
También es verdad que al maestro de Platón, Parménides, fueron mujeres quienes le enseñaron el camino, y que es una mujer quien le muestra a Sócrates qué es el amor. Pero no le demos muchas vueltas a estas cosas porque no le viene nada bien a nuestra historia.

Pensaba que en este siglo la mujer volvía a existir, pero claramente estaba equivocada. Es que soy mujer y claro, me equivoco. Pero desde aquí aviso a los hombres: no se confíen, tengan cuidado, porque se empieza así y se termina peor: dentro de poco, todos arios. Un Consejo de Sabios rubios, sanos, altos y fuertes, con el tono de piel unificado... con el balance de grises adecuado y un buen fondo de terciopelo, la foto quedará muy bien.

Entradas populares